
y si supieses de las hermosas veredas de árboles
y si supieses de las colinas y las llanuras
y si supieses de mis rincones favoritos
de los colores que alegran mi espíritu,
aún así, no sabrías quién soy,
solo el yo soy,
solo Él, sabe de mí.

Distintos peces
Y si rompieran el cántaro
desde lo alto,
te sostendría en mis manos
todo el tiempo que pudiera.
Y si te resbalas de entre las comisuras
te iría siguiendo,
para saber a donde te lleva el cause.
Y una vez que supiera que estas en el lecho
te observaría y me sumiría en las agua
para poder recordarte.
Así de una u otra forma
nunca te dejaría,
nunca me dejarías,
nunca nos dejaríamos.

Amarga se dibujan las sombras
cuando no hemos querido ver.
De la muerte retorné a vida,
arrastré mis culpas por tanto tiempo
ellas descansan bajo tu sangre querido
la has recogido como cuando el sereno
es recogido por las ramas del olivo,
la carga pesada ya se ha ido.
Vi atrás todo lo mío,
el llanto, el dolor, mi delirio,
en ese tiempo no fui libre
solo pensaba serlo.
¿De qué escapé? si la cárcel la llevaba dentro,
unos preciosos barrotes dorados de anhelos
cautiva de mis inclinaciones, laberinto lóbrego.
¡Oh! vida mía, como te amo vida,
morí para volver


Esto se puede hallar en la Biblia escrito de varias formas y en diferentes lugares, tal como otras situaciones o hechos y profesías. Recientemente leí "Miqueas" y, dentro de un contexto en el que se pregunta con qué presentarse delante de Jehová para adorarle, y rechazando la idea de holocaustos ofrecidos para expiar el pecado del alma, dado el Antiguo Testamento, el texto, Miqueas 6.8, que dejo a continuación sin más comentarios, dice:
"Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios".
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